Para ser salvo debes darle la espalda al pecado, creer en la muerte y resurrección de Jesús, y recibirlo como Señor y Salvador de tu vida.
Paso a paso, trata de seguir el siguiente proceso:
Primero, debes reflexionar sobre tu vida y entonces abandonar todo aquello que contraría la voluntad de Dios. Este alejarse de las actitudes egoístas y entregarse a Dios se llama arrepentimiento (Mt 3.7-10; Hch 3.19).
Segundo, debes de reconocer que Jesús murió en la cruz para perdonar tus pecados. Acéptalo como Salvador para que te limpie de pecado, como el sustituto que pagó tus culpas (Ro 5.9,10; Tito 2.14).
Tercero, debes pedirle que se convierta en el Señor de tu vida, reconociendo abierta y públicamente que Jesús no solo es tu Salvador, si no tu Señor (1 Jn 2.23).
La Biblia dice que todos los que le recibieron les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn 1.12). Así que, cuando le recibes y le abres tu corazón, se introduce en él- en tu ser interior- por medio del Espíritu Santo, y comienza a vivir en ti. Desde ese momento es tu privilegio y llamado confesar lo que Dios ha hecho por tu vida (Ro 10.9).

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